Para este Halloween me disfracé de Keith Richards, guitarrista de Rolling Stones. Les dejo fotos de mi disfraz y de las bocas que dibujé para éste.


Las Boquitas y Keith/Gloria
October 30, 2007
De las manos de
G¡Lor¡a
a las
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Etiquetas: Dibujos
Los Kisses son Putas
October 7, 2007
El martes comencé una dieta. Nunca me había sometido a un régimen alimenticio, no porque no lo necesitara, sino porque considero el comer uno de los placeres más apasionantes de la vida. Luego del comienzo de la dieta el pasado martes, Murphy no tardó en manifestarse con sus leyes. Como si fuera un mal kármico, después del martes han pasado frente a mis ojos deliciosísimos manjares, de los cuales está de más decir estoy privada. Nunca había tenido tantas ganas de un pan sobao de Le France Croissant, o he deseado más unas papas fritas de Pollo Victorina. Entre mi yogurt, las interminables hojas de lechuga, las detestadas fresas y los reglamentarios 8 vasos de agua al día, llegó a mi escritorio un regalo proveniente de algún malvado. 5 chocolates Kisses, o Besitos. Los miré y ellos me miraron. Traté de ignorarlos, pero su papel plateado resplandecía con las luces de neón de la oficina. Mis dedos caminaros sigilosamente, cual caballeros en marcha, hacia los chocolates, que se exhibían como prostitutas en una vitrina de Amsterdam. Flirteamos un poco, mis dedos y los chocolates. Nos coqueteamos y toqueteamos mutuamente, estudiándonos.
En mi mente se libró un dilema digno de Hamlet. ¿Lo haría o no lo haría? Los toqueteé un poco más. Tiré firme pero cuidadosamente el delgado papel que repite el nombre de los chocolates hasta la eternidad, "Kisses, Kisses, Kisses". Finalmente me rendí a la tentación, desenvolví un Besito y lo coloqué con delicadeza dentro de mi boca. Pudo ser la situación, el día, la dieta, pero ese Kiss en particular me supo a cielo. A cielo azul claro, con una que otra holgazana nube flotando sobre una playa turquesa e interminable de Santo Domingo. A ese cielo me supo.
Luego de darme el gusto, guardé los 4 provocadores de pecado restantes en mi cartera. Al llegar a casa se los regalé a mi abuela, quien los engulló sin siquiera saborearlos. Supongo que a ella le supieron a chocolate y nada más.
Pues sí, me rendí ante la tentación. Me comí el Besito. Compré la puta.
Y estuvo deliciosa.
De las manos de
G¡Lor¡a
a las
1:29 PM
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Etiquetas: Cuentos
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